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Alimento de la semana: Cebolla
Maridaje: 
AOVE Garcia de la Cruz Convencional

Desde Garcia de la Cruz, apostamos por las recetas sencillas y para preparar con toda la familia.
El otoño ya está aquí. Es época de cambio, de dejar de lado el sol y el calor del verano y empezar a decir “hola” a nuestras chaquetas y jerséis.

Los cambios de temperatura que caracterizan esta época del año empiezan a traer con ellas los resfriados y tenemos que poner atención a cuidarnos y, sobre todo, a cuidar lo que comemos.

La cebolla es uno de los alimentos vitales que podemos encontrar en cualquier cocina. Está compuesta mayoritariamente por agua, con un 90% de su composición. Sin embargo, es en el 10% restante donde encontramos la mayoría de propiedades beneficiosas para nuestro organismo:

  • Vitaminas B, E y C, que  ayudan a estimular nuestro sistema nervioso, lo que hace que se elimine la sensación de fatiga y malestar general.
  • Alto contenido en fibra y bajo en grasas y azúcares, lo que le convierten en un alimento regulador, ya que mejora el tránsito intestinal.
  • Minerales como el potasio, magnesio, fósforo, calcio, entre otros, que influyen en la disminución de los lípidos de la sangre.

Fuente: https://www.hida.es/

¿Qué podemos preparar con ella?
Nuestra propuesta para esta semana son los aros de cebolla.

 

Ingredientes
1 Cebolla cortada en aros
150 gr de harina de trigo
1 huevo
Leche
Pan rallado
1 cucharadita de levadura
Sal al gusto
Aceite de oliva virgen extra

Para hacer estos aros de cebolla caseros, crujientes y sabrosos, empezamos cortando la cebolla en discos. Una vez cortados los aros, pasamos los aros por harina y los reservamos.
Esa misma harina la completamos con la leche, la levadura y el huevo bien batido. En esa masa, rebozamos los aros de cebolla enharinados, añadimos sal al gusto y posteriormente los pasamos por el pan rallado. Mientras, ponemos el aceite a calentar.
Freímos los aros de cebolla en tandas de cinco o seis para mantener la temperatura del aceite y para que los aros no se toquen entre ellos. Cuando están bien dorados, los escurrimos en un papel absorbente, los dejamos enfriar un poquito y… ¡listos para comer!